Imagen: "Kentucky Flood. Margaret Bourke-White (1904-1971)
“Con los ojos de todos los hombres veo, y con todos sus oídos oigo; muero con todos los que mueren, y sufro y lloro por cuantos heridos quedan abandonados (…)”
Leónidas Andreyev (Risa roja, parte II, fragmento XV)
Con ojos de otro,
con los ojos de todos
los hombres, veo. Y oigo
con los oídos de todos.
Con todos los que mueren,
muero. Con todos.
Cuando los cuerpos caen
contra el asfalto helado,
se hiela mi cuerpo y se rompe
en pedazos que enseño como dientes.
Cuando una madre llora
el hambre de sus hijos,
cuando un parado aprieta
los puños con rabia encallada,
siento esas hambres
y siento también esas uñas
clavándose en mis manos.
Con ojos de otro,
con los ojos de todos, miro
y escucho con los oídos
afilados del hambre
y también aprieto los puños
y muero con los otros,
con todos muero.
Cuando un niño empuña el fusil
y se le hiela la mirada
mis ojos de deshacen
en lágrimas inútiles, y ven
el terror desnudo, esparcido
por las cunetas.
Muero con todos los que mueren,
con los oídos de todos oigo
y veo con los ojos de todos.
"Sabed que soy el monarca de estos dominios y que gobierno mi imperio absoluto bajo el título de «Rey Peste I» (...)" (Edgar Allan Poe).
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lunes, 21 de enero de 2013
viernes, 11 de enero de 2013
COSAS
El paso de los años deja un cúmulo de astillas.
(Luisa Castro)
Alguien abandonó debajo de la escalera
un par de botas sedientas,
la bombona de butano
y un abrigo rancio.
Y también una tristeza seca
que empieza a escocerme
en los ojos.
jueves, 6 de diciembre de 2012
TARDE DE VERANO
Era
una de esas tardes de domingo en que uno sabe que lo mejor que puede hacer es
quedarse en el sofá y dejar que el ventilador alivie algo el calor con una
suave corriente de aire. Fuera, el sol castigaba el asfalto y los edificios
parecían derretirse.
Busqué
en los cajones y logré reunir cinco euros en monedas de diez y veinte céntimos.
Con el botín a buen recaudo en mi bolsillo, me dirigí a uno de los pocos videoclubes
que aún sobreviven heroicamente en la ciudad, dispuesto a alquilar algo
realmente bueno.
El
local estaba desierto; Álvaro, el encargado, luchaba contra el calor y el tedio
bebiendo una Mahou y mirando una peli antigua en la pequeña pantalla que oculta
bajo el mostrador.
-
Buenas.
-
Hola, vaya calor ¿eh?
-
Sí, parece que los edificios se derriten. Oye, ¿tienes algo bueno?
-
¿Qué? –dijo mientras apretaba la pausa del mini-DVD- ¿una de esas tardes?
-
Sí, joder, una de esas. Oye, tengo ganas de tirarme en el sofá con una cerveza
helada y, al menos, noventa minutos de entretenimiento “made in Hollywood”; así
que dime si te ha llegado algo que merezca la pena.
-
Vaya, hoy no estás para sutilezas ¿eh?
- No
quiero perder el tiempo. Al menos en casa tengo un ventilador. Por cierto,
¿cuándo coño vas a arreglar el aire acondicionado?
-
Está bien, deja que mire el archivo de las curiosidades.
Estuvo
mirando durante cinco eternos minutos que aproveché para inspeccionar los
clásicos que languidecían cubiertos de polvo en la estantería del fondo.
Encontré
una versión remasterizada de “Con faldas y a lo loco”; devolví la sonrisa a la
cara de Marilyn que llenaba la carátula.
-Me
llevo esta.
-Es
una buena elección; la han remasterizado con las últimas técnicas de
restauración de audio y video. Tío, la he visto y te juro que parecía que
Marilyn quería salirse de la pantalla.
-No
necesitas venderme las virtudes de la cinta –atajé- Me la voy a llevar de todas
formas.
Pagué
el alquiler del DVD y volví a la suave corriente de mi ventilador.
Paré
la peli para acercarme la segunda cerveza de la tarde. El fotograma elegido por
la sed y el azar era un primer plano de Marilyn. Lo miré atentamente durante
unos segundos. Creo que murmuré algo así como “ojalá fueras real” y fui a la
cocina.
Mientras
abría la nevera, me pareció oír una voz familiar en el salón.
-Mierda
–mascullé con la boca llena de espuma de cerveza- ha saltado la pausa.
Volví
al salón. La cerveza resbaló de mi mano y una sensación difícil de describir se
apoderó de todo mi ser.
-Has
derramado tu bebida –dijo Marilyn Monroe con la sonrisa más encantadora que el
maestro Billy Wilder jamás pudo arrancarle para las cámaras.
-
Yo… tú… yo… eres… pero… -acerté a balbucear mientras mi boca se quedaba
encajada en una apertura imposible. Ella se levantó del sofá, se acercó a mí
con pasos cortos y me cerró la boca con su mano.
-Pero…
¿cómo? Quiero decir… estoy encantado de conocerte, Marilyn.
-
Por favor, llámame Norma; vamos a ser amigos y los amigos se llaman por sus
nombres reales ¿verdad? –y dijo mi nombre; el vértigo hizo girar el mundo hasta
desvanecerlo, mientras las letras que me nombran rebotaban en sus dientes
perfectos y resbalaban por sus labios carnosos y cálidos.
-Norma.
–pude articular después de varias eternidades de silencio estupefacto. Ella rió
con un sonido cristalino y me pidió algo de beber. Preparé unos cócteles con la
torpeza de un niño con párkinson. Brindamos y bebimos.
-Norma
–al repetir su nombre sentí como si un montón de gusanos hubieran culminado su
metamorfosis en mi estómago.
-¿Sí?
–dijo mientras dejaba la copa sobre la mesa.
-Yo…
debes disculparme, pero, ¿cómo rayos has salido de la pantalla? ¿Estoy
alucinando? ¿Eres real?
-¿Por
qué no me tocas y te convences? –susurró a mi oído con una voz de terciopelo y
dejó caer un beso suave en el lóbulo de mi oreja izquierda. –En cuanto a lo de
salir de la pantalla… Oh, bueno, es algo complicado pero creo que lo puedo
resumir diciendo que te oí desear que fuera real y quise conocerte, algo en tu
voz hizo que me fijara en ti. No creo que pueda explicarte, exactamente, cómo
salí de ahí y me encontré aquí.
Subrayó
los adverbios de lugar con su dedo índice y una sublime expresión de asombro en
los ojos.
-Cielos
–dije reprimiendo mi leguaje habitual –Eres realmente tú. Pero, –y me fijé en
un detalle que, hasta entonces me había pasado inadvertido –vaya, estás en
blanco y negro. No es que me moleste, pero me resulta extraño…
-Claro,
cielo, yo estaba en una peli en blanco y negro. No debería extrañarte tanto. En
cambio, sí me noto la voz algo rara.
-Sí,
es por el doblaje; estás doblada, si no, no podría entenderte.
-¿Doblada?
Vaya, esto sí es raro. ¿No podrías hacer algo para que no sonara tan extraña?
-Puedo
poner el DVD en versión original.
-Hazlo,
por favor.
Apreté
el botón de idiomas y seleccioné “English”, sin embargo seguía en versión
doblada. Aventuré una hipótesis.
-Quizá,
si saco la película y la vuelvo a poner, esta vez en versión original, podría
solucionar lo de tu voz.
-Inténtalo,
por favor, no soporto hablar con una voz prestada.
Saqué
el disco y, al instante, la bella Norma Jean se desvaneció de mi lado. Volví a
poner la película, encontré el fotograma exacto y apreté la pausa. Ahí estaba
Marilyn, congelada en el preciso instante en que deseé que fuera real. Esta
vez, en lugar de materializarse en mi sofá, permanecía atrapada en la pantalla.
Me pareció advertir un gesto de resignación en sus ojos y, al volver a poner en
marcha el DVD, creí ver que sus labios formaban las letras de mi nombre.
No
devolví la copia al video-club. A Álvaro le dije que la había perdido; tuve que
aguantar sus reproches durante cuatro meses y pagar los veinte euros de multa.
Cada
vez que veo “Con faldas y a lo loco” me fijo en un primer plano de Marilyn
Monroe, y le sonrío, deseando que Norma Jean vuelva alguna vez, para terminar
el cóctel que dejamos a medias aquella tarde de verano.
miércoles, 28 de noviembre de 2012
ETERNIDAD
“Murió mi eternidad y estoy velándola”
(César Vallejo)
De repente me sorprendo
desgarrando una fotografía:
este rostro conocido
no volverá a sonreírme
con gesto helado desde el papel.
Ni estos ojos míos,
que amenazan con desmoronarse,
se dejarán resbalar
por la superficie satinada.
Estos ojos míos
dibujan el perfil de una ausencia
en el momento preciso
en que expira el plazo de mi eternidad.
(César Vallejo)
De repente me sorprendo
desgarrando una fotografía:
este rostro conocido
no volverá a sonreírme
con gesto helado desde el papel.
Ni estos ojos míos,
que amenazan con desmoronarse,
se dejarán resbalar
por la superficie satinada.
Estos ojos míos
dibujan el perfil de una ausencia
en el momento preciso
en que expira el plazo de mi eternidad.
viernes, 16 de noviembre de 2012
miércoles, 31 de octubre de 2012
CEMENTERIO DE VILLACRECES
Villacreces es un despoblado, perteneciente al municipio de Santervás de Campos; se encuentra en el extremo norte de la provincia de Valladolid. A principios de la década de los 80 del pasado siglo quedó deshabitado. Dejo aquí unos versos, bastante mediocres, que me asaltaron durante una visita al cementerio de este pueblo fantasma.
Asomé la
mirada a una fosa
de lápida
rota.
Esperaba,
quizás, topar con el rostro
apolillado y
amarillo de la muerte
(recuerdo
haber poseído
cierto espíritu
romántico en mi juventud).
Ladrillo y
tierra y alguna hierba
de las que cría
el secano.
Nada más.
Pensé si la
soledad extrema
de esta tierra
hizo emigrar
a los muertos
que no
soportaron el silencio
que
abandonaron los vivos.
Enceguecido por
esa nada
alcé la
cabeza al horizonte.
Un viento
movió, a lo lejos,
las copas de
los árboles
y el susurro
de las hojas
sonó como una
respuesta.
martes, 16 de octubre de 2012
ROMANCE DEL ENAMORADO Y LA MUERTE (Anónimo)
Imagen: El beso de la muerte. Conjunto escultórico atribuído a Jaume Barba, que se puede admirar en el cementerio de Poblenou (Barcelona).
Un sueño soñaba anoche
soñito del alma mía,
soñaba con mis amores,
soñaba con mis amores,
que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora tan blanca,
Vi entrar señora tan blanca,
muy más que la nieve fría.
—¿Por dónde has entrado, amor?
—¿Por dónde has entrado, amor?
¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas,
Las puertas están cerradas,
ventanas y celosías.
—No soy el amor, amante:
—No soy el amor, amante:
la Muerte que Dios te envía.
—¡Ay, Muerte tan rigurosa,
—¡Ay, Muerte tan rigurosa,
déjame vivir un día!
—Un día no puede ser,
—Un día no puede ser,
una hora tienes de vida.
Muy deprisa se calzaba,
más deprisa se vestía;
ya se va para la calle,
ya se va para la calle,
en donde su amor vivía.
—¡Ábreme la puerta, blanca,
ábreme la puerta, niña!
—¿Cómo te podré yo abrir
—¿Cómo te podré yo abrir
si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue al palacio,
Mi padre no fue al palacio,
mi madre no está dormida.
—Si no me abres esta noche,
—Si no me abres esta noche,
ya no me abrirás, querida;
la Muerte me está buscando,
la Muerte me está buscando,
junto a ti vida sería.
—Vete bajo la ventana
—Vete bajo la ventana
donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda
te echaré cordón de seda
para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare,
y si el cordón no alcanzare,
mis trenzas añadiría.
La fina seda se rompe;
la muerte que allí venía:
—Vamos, el enamorado,
—Vamos, el enamorado,
que la hora ya está cumplida.
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