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lunes, 25 de marzo de 2013

TARDE DE LLUVIA

                      


                               Esta tarde llueve, llueve mucho. ¡Y no
                              tengo ganas de vivir, corazón! 
                              (César Vallejo)


Es tremendo cómo llueve,
se precipita con ansia,
se rompe en millones de pedazos
que inundan las calles y las vidas.
Arpegia sobre el tejado
las notas de la canción aquella
que desgarraba Billie Holliday.

Continúa lloviendo esta tarde,
ahoga las lunas urbanas,
se deja naufragar suavemente
en cascadas de cadencia.

Se funde el piano con el concierto
inaudito de las avenidas.
Billie Holliday llueve su voz
que se rompe en mil pedazos
adornando la ciudad de otoño
con la canción aquella, tan triste.

lunes, 25 de febrero de 2013

LA MADRE VIRGEN

Imagen: Anunciación. Autor: Fra Angelico (1400-1455)


En la antigua ciudad de Nazaret, vivió en esos días, una joven virgen llamada María; se había casado con un carpintero que se llamaba José. Aún no vivían juntos y no se habían conocido carnalmente. Pero, he aquí que María se levantó una mañana muy temprano, con unas fuertes náuseas que la hicieron vomitar el desayuno; no le dio mucha importancia, pensó que los palominos escabechados de la cena le habían sentado mal.

    Con el tiempo, la tripa empezó a hinchársele y las gentes comenzaron a murmurar. Unas semanas antes de este acontecimiento, había llegado a Nazaret un apuesto criador de palomas a quien María compraba pichones que, escabechados, eran uno de los platos preferidos de la joven. Las malas lenguas empezaron a preguntarse cómo podía comprar pichones siendo pobre, como era.

    Mientras esto sucedía, José trabajaba en su taller. Era un hombre sencillo que nunca pensaba mal de nadie, pero tampoco era tan necio que no le llegaran las murmuraciones, por lo que empezó a sospechar que algo extraño estaba pasando; tuvo que considerar la posibilidad de repudiar en secreto a su joven esposa, para evitarle la vergüenza de andar en boca de las comadres; porque, aunque la amaba profundamente, no estaba dispuesto a criar al hijo de otro hombre.

    Así, un día que estaba terminando de barnizar una silla de madera de olivo, María apareció por allí con el almuerzo.

- Oye, María, dice la gente que estás embarazada y, como aún no hemos tenido conocimiento carnal y me aseguras que mantienes intacto el virgo, pues, no sé, chica, me extraña un poco, la verdad.

-¡La gente, la gente! -exclamó la joven esposa dejando el cesto sobre la mesa del taller- mira, José, mi Joselillo, puede que haya engordado un  poco, pero no creo que sea para tanto. A lo mejor estoy nerviosa por venirme a vivir contigo, ¿no has pensado en eso? Al fin y al cabo, soy virgen y me da temor eso del débito conyugal… De verdad, José, no pensé que fueras tan egoísta.

-Bueno, mujer, tampoco hay que enfadarse. Es verdad que la gente siempre está murmurando. Entonces, María, queridita mía, ¿me juras que no me has engañado?

-Te lo juro. ¡Ay!, estos hombres, qué caso hacéis de lo que dice la gente.

    José se dio por satisfecho con la explicación de María y no volvieron a tratar el tema. Pero el tiempo pasaba y a la esposa cada vez se le notaba más la tripa. Una noche, ya viviendo juntos, habían cenado pichones escabechados; José despertó sobresaltado al notar que, en la tripa de María, se había movido algo.

-Oye, María, ¿guisaste bien los pichones?
-Pues claro -contestó adormecida- ¿por qué lo preguntas?
-Juraría que uno no estaba bien cocinado y quería salir volando de tu vientre.
-No digas tonterías y duerme, mañana tienes que entregar esas baldas a Jeremías.

    A la mañana siguiente, José no fue al taller. Había dormido mal dando vueltas al asunto de los pichones. Cuando María volvió del mercado y lo vió cariacontecido en la puerta de la casa, supo que estaba perdida; José la repudiaría y sobre ella caerían, de golpe, el oprobio y la vergüenza. Tenía que pensar algo, y rápido.

-Tenemos que hablar, querido.
-¡Lo sabía! ¡Ese criador de palomas…!
-No es lo que crees, José, deja que te explique.
-Habla, mujer.
-Un día, estando yo en casa de mi madre, haciendo mi labor para el ajuar, se me apareció un ángel del Señor y me dijo: “Alégrate, pues Dios te ha elegido para engendrar a Su Hijo que salvará a la Humanidad del pecado.” ¿Cómo podía negarme yo, una pobre mujer, a cumplir la voluntad de nuestro Dios?

    José había escuchado acariciándose las barbas, pensativo. ¿Y si era verdad? Los milagros ocurrían, a veces… Él, José el carpinero, padre putativo del Hijo de Dios. Eso le daría prestigio, sería bueno para el negocio, quizá podría ampliarlo y contratar un aprendiz y atender los pedidos de las casas de los ricos y famosos, quizás, incluso le encargaran muebles para el palacio de Poncio Pilato.

-Está bien, María, chiquita mía, criaré al Hijo de Dios.
-No esperaba menos de ti, José, mi Joselillo. Anda, dame un beso.
-¿Qué has traído para el almuerzo?
-Pichones escabechados.

lunes, 18 de febrero de 2013

SOLO CON LOS MUERTOS

Imagen: Danse Macabre. Autor: Michael Wolgemut (1434-1519)

Sólo con los muertos quiero hablar hoy,
 despertarlos y quemar
los escaparates de la madrugada.

Sólo con los muertos quiero bailar
esta noche, y brindar
con el diablo
y que me cuente cómo he llegado
a desear esta destrucción.

Sólo con los muertos puedo luchar hoy,
y que me hablen de sus revoluciones
mientras arden las calles.

Sólo con los muertos puedo entenderme
esta noche, y pisar
los escombros de la civilización.

Sólo con los muertos quiero hablar hoy,
y brindar con el diablo
por toda la belleza que hay
en las cicatrices.

Sólo con los muertos quiero bailar
esta noche sobre las cenizas
de todo lo que tiene que arder.

Sólo con los muertos puedo luchar hoy,
y sentir su voz putrefacta
acariciando con rabia la indiferencia.

Sólo con los muertos quiero hablar hoy,
solo, con los muertos.

miércoles, 13 de febrero de 2013

ENFERMO DE POESÍA




Vengo enfermo de poesía,

lo acredita el cenicero

cargado de humo y de rimas.



Hago pájaros de papel

para que canten conmigo,

porque cuando tú te vas

me canso de casi todo.

Apago el sol de la mesa

y rezo una jerigonza

que aprendí cuando la fe

en que cabía la vida

en un solo verso.

Pero no estás y me sobra

casi todo.

Me pierdo buscándote

en mapas de amor,

agoto los diccionarios

tras la rima de tu nombre.

No cantan los pájaros

porque te has marchado

y me sobra casi todo.

lunes, 28 de enero de 2013

ENTRE LAS RUINAS



Entre las ruinas del mundo, sin dirección bajo una lluvia espesa que cae en silencio. El peso de los años marca el rumbo de mis botas. Hace tiempo que perdí el camino y voy sin dirección entre las ruinas del mundo.

Camino pesadamente, con la torpeza de la carroña. Los ojos fijos en un horizonte derruido por la locura de los hombres.

Entre las ruinas del mundo solo, rodeado de silencio, hablo con las voces de mi cabeza que no dejan de susurrarme que el fin está cerca.

Camino pesadamente (el fin está cerca –dicen las voces en el silencio–). Ansío el descanso pero, no puedo detenerme. En algún lugar encontraré el reposo, pero aún no.

Entre las ruinas del mundo, sin dirección, sigo las huellas de caminos que una vez existieron. He encontrado restos de una hoguera y hay una casa que conserva parte del tejado. Pero sé que no puedo detenerme mientras el silencio lo llena todo.

Camino pesadamente y algo indica que el fin está cerca. Pero, todavía no; aún tengo que encontrar algo que he perdido entre las ruinas del mundo.

Entre las ruinas del mundo se abren agujeros donde se pudre lentamente la humanidad. Miro al horizonte derruido y pregunto en voz baja “¿Esto es todo?” El viento pasa sin ruido entre las ramas de los árboles, debería sonar como un chocar de huesos. “Esto es todo”, digo en voz baja y sé que el fin está cerca.

Camino bajo un sol pesado de mediodía. Encuentro un campamento, me reciben amigablemente; hombres, niños, mujeres deformados hasta la pesadilla, intentan sonreír con los restos de lo que fueron caras y cantan alrededor de la hoguera…

...Me cantan a mí, muerto entre todas las canciones.

lunes, 21 de enero de 2013

CON TODOS

Imagen: "Kentucky Flood. Margaret Bourke-White (1904-1971)

Con los ojos de todos los hombres veo, y con todos sus oídos oigo; muero con todos los que mueren, y sufro y lloro por cuantos heridos quedan abandonados (…)”
    Leónidas Andreyev (Risa roja, parte II, fragmento
XV)


Con ojos de otro,
con los ojos de todos
los hombres, veo. Y oigo
con los oídos de todos.
Con todos los que mueren,
muero. Con todos.

Cuando los cuerpos caen
contra el asfalto helado,
se hiela mi cuerpo y se rompe
en pedazos que enseño como dientes.
Cuando una madre llora
el hambre de sus hijos,
cuando un parado aprieta
los puños con rabia encallada,
siento esas hambres
y siento también esas uñas
clavándose en mis manos.

Con ojos de otro,
con los ojos de todos, miro
y escucho con los oídos
afilados del hambre
y también aprieto los puños
y muero con los otros,
con todos muero.

Cuando un niño empuña el fusil
y se le hiela la mirada
mis ojos de deshacen
en lágrimas inútiles, y ven
el terror desnudo, esparcido
por las cunetas.

Muero con todos los que mueren,
con los oídos de todos oigo
y veo con los ojos de todos.

viernes, 11 de enero de 2013

COSAS

El paso de los años deja un cúmulo de astillas.
(Luisa Castro)


Alguien abandonó debajo de la escalera
un par de botas sedientas,
la bombona de butano
y un abrigo rancio.

Y también una tristeza seca
que empieza a escocerme
en los ojos.