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lunes, 8 de abril de 2013

noche




Imagen: Sueño causado por el vuelo de una  abeja. Salvador Dalí.

 
Se ha bordado el sueño en tus ojos
y la luna amodorrada te mira
desde su altura inconcebible.

Desde este lado del silencio
te miro, escudriño el reflejo
de tus pestañas en un mar lejano;
respiras el aire oscuro del cuarto
y mis oídos beben de tu aliento
el vino dulce y cálido.

La luna hilvana hilos de plata.
Para evitar el peso doloroso
de la luz, tus párpados bordan sueño.

miércoles, 3 de abril de 2013

NUNCA JAMÁS. TALLER DE NARRATIVA

A partir de hoy, cada miércoles, podremos encontrarnos en el Centro Cultural PABLO IGLESIAS de Alcobendas, de 19:00 a 21:00.

lunes, 1 de abril de 2013

UNA CUESTIÓN ESTÉTICA



       
           El sol castigaba con fuerza. Bajé al Metro. La estación llena de gente yendo y viniendo me hacía sentir seguro. Muy pronto me fijé en una chica de unos veinte o veinticinco años, vestía una falda por encima de las rodillas y una sencilla blusa a juego.
La seguí hasta el vagón y me senté frente a ella. Normalmente soy muy discreto pero, en aquel momento, me deleitaba el latido de su corazón que adivinaba cada vez más violento; fijé mis ojos en ella, quería que participara en la cacería, que supiera que la había elegido.
Sus manos volaban hasta su media melena de un color castaño oscuro, o jugueteaban con algún pliegue de la falda, con movimientos decididos, intentando ocultar su turbación.
 Las estaciones se sucedían entre intervalos de oscuridad; entraban y salían gabardinas con prisa, faldas coquetas y algún pantalón distraído. Al llegar a un nuevo andén, giró la cabeza y el pelo, al moverse, dejó al descubierto aquella cosa repugnante.
Aquella criatura, en apariencia perfecta, tenía una horrible verruga en el cuello. Bajó en la siguiente estación. Yo seguí sentado, lamentando el tiempo que había perdido siguiendo a una presa tan poco apetecible. Quizá me haya vuelto demasiado melindroso a la hora de escoger mi comida…

lunes, 25 de marzo de 2013

TARDE DE LLUVIA

                      


                               Esta tarde llueve, llueve mucho. ¡Y no
                              tengo ganas de vivir, corazón! 
                              (César Vallejo)


Es tremendo cómo llueve,
se precipita con ansia,
se rompe en millones de pedazos
que inundan las calles y las vidas.
Arpegia sobre el tejado
las notas de la canción aquella
que desgarraba Billie Holliday.

Continúa lloviendo esta tarde,
ahoga las lunas urbanas,
se deja naufragar suavemente
en cascadas de cadencia.

Se funde el piano con el concierto
inaudito de las avenidas.
Billie Holliday llueve su voz
que se rompe en mil pedazos
adornando la ciudad de otoño
con la canción aquella, tan triste.

lunes, 25 de febrero de 2013

LA MADRE VIRGEN

Imagen: Anunciación. Autor: Fra Angelico (1400-1455)


En la antigua ciudad de Nazaret, vivió en esos días, una joven virgen llamada María; se había casado con un carpintero que se llamaba José. Aún no vivían juntos y no se habían conocido carnalmente. Pero, he aquí que María se levantó una mañana muy temprano, con unas fuertes náuseas que la hicieron vomitar el desayuno; no le dio mucha importancia, pensó que los palominos escabechados de la cena le habían sentado mal.

    Con el tiempo, la tripa empezó a hinchársele y las gentes comenzaron a murmurar. Unas semanas antes de este acontecimiento, había llegado a Nazaret un apuesto criador de palomas a quien María compraba pichones que, escabechados, eran uno de los platos preferidos de la joven. Las malas lenguas empezaron a preguntarse cómo podía comprar pichones siendo pobre, como era.

    Mientras esto sucedía, José trabajaba en su taller. Era un hombre sencillo que nunca pensaba mal de nadie, pero tampoco era tan necio que no le llegaran las murmuraciones, por lo que empezó a sospechar que algo extraño estaba pasando; tuvo que considerar la posibilidad de repudiar en secreto a su joven esposa, para evitarle la vergüenza de andar en boca de las comadres; porque, aunque la amaba profundamente, no estaba dispuesto a criar al hijo de otro hombre.

    Así, un día que estaba terminando de barnizar una silla de madera de olivo, María apareció por allí con el almuerzo.

- Oye, María, dice la gente que estás embarazada y, como aún no hemos tenido conocimiento carnal y me aseguras que mantienes intacto el virgo, pues, no sé, chica, me extraña un poco, la verdad.

-¡La gente, la gente! -exclamó la joven esposa dejando el cesto sobre la mesa del taller- mira, José, mi Joselillo, puede que haya engordado un  poco, pero no creo que sea para tanto. A lo mejor estoy nerviosa por venirme a vivir contigo, ¿no has pensado en eso? Al fin y al cabo, soy virgen y me da temor eso del débito conyugal… De verdad, José, no pensé que fueras tan egoísta.

-Bueno, mujer, tampoco hay que enfadarse. Es verdad que la gente siempre está murmurando. Entonces, María, queridita mía, ¿me juras que no me has engañado?

-Te lo juro. ¡Ay!, estos hombres, qué caso hacéis de lo que dice la gente.

    José se dio por satisfecho con la explicación de María y no volvieron a tratar el tema. Pero el tiempo pasaba y a la esposa cada vez se le notaba más la tripa. Una noche, ya viviendo juntos, habían cenado pichones escabechados; José despertó sobresaltado al notar que, en la tripa de María, se había movido algo.

-Oye, María, ¿guisaste bien los pichones?
-Pues claro -contestó adormecida- ¿por qué lo preguntas?
-Juraría que uno no estaba bien cocinado y quería salir volando de tu vientre.
-No digas tonterías y duerme, mañana tienes que entregar esas baldas a Jeremías.

    A la mañana siguiente, José no fue al taller. Había dormido mal dando vueltas al asunto de los pichones. Cuando María volvió del mercado y lo vió cariacontecido en la puerta de la casa, supo que estaba perdida; José la repudiaría y sobre ella caerían, de golpe, el oprobio y la vergüenza. Tenía que pensar algo, y rápido.

-Tenemos que hablar, querido.
-¡Lo sabía! ¡Ese criador de palomas…!
-No es lo que crees, José, deja que te explique.
-Habla, mujer.
-Un día, estando yo en casa de mi madre, haciendo mi labor para el ajuar, se me apareció un ángel del Señor y me dijo: “Alégrate, pues Dios te ha elegido para engendrar a Su Hijo que salvará a la Humanidad del pecado.” ¿Cómo podía negarme yo, una pobre mujer, a cumplir la voluntad de nuestro Dios?

    José había escuchado acariciándose las barbas, pensativo. ¿Y si era verdad? Los milagros ocurrían, a veces… Él, José el carpinero, padre putativo del Hijo de Dios. Eso le daría prestigio, sería bueno para el negocio, quizá podría ampliarlo y contratar un aprendiz y atender los pedidos de las casas de los ricos y famosos, quizás, incluso le encargaran muebles para el palacio de Poncio Pilato.

-Está bien, María, chiquita mía, criaré al Hijo de Dios.
-No esperaba menos de ti, José, mi Joselillo. Anda, dame un beso.
-¿Qué has traído para el almuerzo?
-Pichones escabechados.

lunes, 18 de febrero de 2013

SOLO CON LOS MUERTOS

Imagen: Danse Macabre. Autor: Michael Wolgemut (1434-1519)

Sólo con los muertos quiero hablar hoy,
 despertarlos y quemar
los escaparates de la madrugada.

Sólo con los muertos quiero bailar
esta noche, y brindar
con el diablo
y que me cuente cómo he llegado
a desear esta destrucción.

Sólo con los muertos puedo luchar hoy,
y que me hablen de sus revoluciones
mientras arden las calles.

Sólo con los muertos puedo entenderme
esta noche, y pisar
los escombros de la civilización.

Sólo con los muertos quiero hablar hoy,
y brindar con el diablo
por toda la belleza que hay
en las cicatrices.

Sólo con los muertos quiero bailar
esta noche sobre las cenizas
de todo lo que tiene que arder.

Sólo con los muertos puedo luchar hoy,
y sentir su voz putrefacta
acariciando con rabia la indiferencia.

Sólo con los muertos quiero hablar hoy,
solo, con los muertos.

miércoles, 13 de febrero de 2013

ENFERMO DE POESÍA




Vengo enfermo de poesía,

lo acredita el cenicero

cargado de humo y de rimas.



Hago pájaros de papel

para que canten conmigo,

porque cuando tú te vas

me canso de casi todo.

Apago el sol de la mesa

y rezo una jerigonza

que aprendí cuando la fe

en que cabía la vida

en un solo verso.

Pero no estás y me sobra

casi todo.

Me pierdo buscándote

en mapas de amor,

agoto los diccionarios

tras la rima de tu nombre.

No cantan los pájaros

porque te has marchado

y me sobra casi todo.