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sábado, 5 de febrero de 2011

NOCHE DE MIEDO (2)



Imagen: Ernest Hemingway. Desconozco al autor del retrato.

En puridad, el nanocuento es un relato de seis palabras, o menos; su invención se atribuye a Ernest Hemingway (“For sale: baby shoes, never worn”: "Vendo: zapatos de bebé, sin estrenar"). Los textos que aquí se brindan, son algo más largos, pero considero que se ajustan al espíritu del nanocuento.

Dos nanocuentos.




I

HISTORIA DE FANTASMAS



Imagen: Puerta. Autor: El Rey Peste.


Entró en la casa, los fantasmas no salieron a recibirle; se sintió solo y tuvo miedo.






II

EL SUICIDA



Imagen: Pistola. Autor: El Rey Peste.

“Adiós, mundo cruel” – pensó, y disparó al espejo.

viernes, 4 de febrero de 2011

NOCHE DE MIEDO (1)


Imagen: fotograma de La noche de los muertos vivientes de George A. Romero.

UN CASO INSÓLITO

Sin querer tropecé con el cadáver; se quejó de mi falta de delicadeza. Aún encerrado en mi asombro, acerqué una silla al lugar donde se pudría con una perfección que me dejó pasmado. Tras pedir disculpas por mi torpeza (no estoy acostumbrado a tratar con cadáveres – le aclaré –) me senté lo suficientemente lejos para que las náuseas no estorbaran la conversación.
Me contó que, en vida, fue un gran sabio y que había averiguado la clave numérica que revela el nombre de Dios. Cuando le manifesté mi escaso interés por esos asuntos, abrió tanto los ojos que se cayeron de las cuencas: me pidió amablemente que los restituyera a su lugar.
- ¡Ah! – dijo – qué tiempos estos, ni siquiera muerto puede uno hallar la tan ansiada paz y, para colmo, cuando le tropieza un joven que parece inteligente, resulta que a éste no le interesa lo que un pobre difunto pueda enseñarle. Vete de aquí si no quieres que te maldiga.
Creo que estaba llorando, pero no pude saber si lo que sus recién recuperados ojos dejaban manar eran lágrimas o algún líquido propio de la putrefacción.
Estaba a punto de levantarme, pensaba que lo mejor era obedecerle, esgrimí una excusa dispuesto a eximir a él de mi presencia y a mi nariz del tufo que se desprendía de su carroña. Pero me agarró la pernera con tanta fuerza que estuve a punto de caer sobre él y, llorando con tal vehemencia que se le volvieron a caer los ojos, me rogó que no lo dejara solo.
- No sabe usted lo aburrido que es pudrirse.

jueves, 3 de febrero de 2011

ANUNCIO


Imagen: Lady Macbeth, Henry Fuselli


Saludos, mortales:
Durante los próximos días y a partir de mañana, El Rey Peste publicará una serie de relatos de terror de su autoría. La serie llevará por título: "NOCHE DE MIEDO".
El primer relato lleva por título Un caso insólito. Y está redactado en un estilo algo decimonónico que le pareció adecuado al autor.
Felices pesadillas.
El Rey Peste.

miércoles, 26 de enero de 2011

POEMA Y TIEMPO


Imagen: Reloj Espiral.



Siempre es el vértigo, el vértigo,
el vértigo de la hoja en blanco
y las palabras huyendo del bolígrafo,
negándose a ser atrapadas
por la tinta, por la sintaxis;
huyendo del vértigo
de las puntas rotas de los lápices.

Y las horas surcando meridianos
en espirales estrelladas
que se resuelven en vértigo.

lunes, 17 de enero de 2011

CAMBIO DE NOMBRE



Saludos, mortales:
He decidido cambiar el nombre de este blog. Y ello por una razón poderosa: así lo he querido y mi voluntad es Ley.
Fdo. El Rey Peste.

viernes, 14 de enero de 2011

PARANOIA

Imagen: Paranoia. Por Bvk.





“El hecho de que yo sea paranoico, no significa que no me estén persiguiendo”.
(Oído en alguna película).



Hay un hombre con gabardina
anotando mis pasos en una libreta.
Nena, sé que vienen detrás de mí
y no tengo dónde esconderme,
sé que más temprano que tarde
me van a encontrar.
Hay un tío con gabardina
que anota mi rumbo en una libreta,
lo veo debajo de mi ventana cuando corro las cortinas.
Sé que han puesto micrófonos en toda la casa,
he aprendido a andar sin despertar
el polvo de los pasillos,
sin levantar sospechas en las aceras.
Porque hay un tío con gabardina
apuntando con su fusil
y tiene una libreta donde anota
cada una de mis horas.
Nena, vienen a por mí
y sé que me van a encontrar pronto,
hay un hombre enfrente de mi ventana
y no tengo dónde esconderme
porque hay una sombra con gabardina
apuntando en su libreta
cada uno de mis pensamientos.

Fdo. El Rey Peste.

jueves, 30 de diciembre de 2010

EL DEVORADOR DE SOMBRAS



Después de un largo camino, por fin estás en las tablas. Pica el maquillaje en la cara y en el estómago, una sensación de garras haciendo cosquillas por dentro.

Después de un largo camino, dejas de ser tú. La máscara se interpone entre el público invisible y tu propio rostro. No puedes verlo, pero es un monstruo de doscientas bocas, hambriento de todo lo que le puedas dar. No eres tú, desde luego, eres Hamlet, Lady Macbeth, Don Juan o un cura o un bufón o un loco… tal vez un asesino.

Las miradas de esas bocas se estrellan contra la máscara que ya no puede protegerte porque, a pesar del maquillaje, a pesar del disfraz, estás desnudo.

Las escenas vuelan, apenas te rozan y, sin embargo, dejan cicatrices tan profundas como esas marcas amarillas que deja el tiempo en los papeles. Debajo de la máscara sudas y tiemblas, el devorador de sombras se alimenta de tu miedo; tu cuerpo se deforma y el personaje posee cada uno de tus gestos. Hay dos monstruos alimentándose de ti, pobre actor desnudo ante miradas hambrientas.

Después de un fragmento de vida, se hace la luz en la platea. El monstruo que te devoraba se divide en cientos de rostros y manos.

En el camerino hace frío. Mientras te arrancas la máscara, saludas distraídamente a tus compañeros (todos han sufrido la misma metamorfosis). De pronto, desde el espejo, ese otro que has sido, te sonríe, no sabes si con malicia o complicidad. Quizá te da las gracias por prestarle tu voz o, tal vez, se burla de ti.

Después de un largo camino, sales al frío, subes el cuello de tu abrigo, pero te sientes desnudo; cualquier mirada, cualquier palabra podría destrozarte ahora como cristal.

Te sabes vulnerable y te refugias en un ego que no te pertenece. Sientes por dentro un vacío que lo llena todo y sólo esperas otro telón que suba. Porque, a pesar del miedo, de las cicatrices, de la agonía; a pesar del sudor frío que se te pega a los sueños, sabes que no puedes vivir sin el monstruo que devora tu sombra.