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martes, 8 de marzo de 2011

TANGO


Imagen: El bebedor de absenta. Viktor Oliva.


Tango amigo, amargo trago
de soledades y abandonos,
de amores agrietados,
de noches de humo y purgatorio.

Tango amigo, amargo trago
de despedidas y botellas
vacías para llamar al olvido
que no me tiende la mano.

Suena esta noche un tango
con tristeza de arrabal,
una guitarra sueña
con el amor acabado.

Suena un fuelle roído,
arrastro mis botas por el fango
llamando a la puerta del olvido
por las calles de mi barrio.

Tango amigo, amargo trago,
placebo contra las penas
de quien camina desamado
buscando una sombra en las puertas.

Tango amigo, trago amargo
que se desespera en la garganta
que no olvida a la percanta
que me arrojó a este desarraigo.

domingo, 27 de febrero de 2011

UNA CABAÑA EN EL CERRO


Imagen: Niebla. Autor desconocido.



"...comprendió que estar muerto es como estar vivo, pero solo, muy solo." (Enrique Anderson Imbert).




Aún no había amanecido; el viento del Norte barría el cerro con su furia de noviembre. Pascual se frotaba los ojos en un intento de limpiar las tinieblas del sueño.

- Marcia -llamó, pero la única respuesta que obtuvo fue el silencio.
Esta mujer es silenciosa como un fantasma -pensó con un estremecimiento frío en la espalda.

Arrojó las mantas a los pies de la cama y se vistió. Mientras desmigaba un pedazo de pan en el cuenco de leche, miró por la ventana. La niebla había huido, azuzada por el viento del Norte, que aullaba con su aliento helado en ráfagas violentas.
Le extrañaba que Marcia hubiera salido tan temprano; normalmente desayunaban juntos en un ritual donde cada pequeño gesto era la promesa de un día pleno.

- ¿Dónde se habrá metido esta mujer? -musitó a los tímidos rayos de sol que entraban por la ventana.

Fuera, el viento del Norte gritaba al enredarse en las ramas descarnadas de los árboles. Entre el ruido de las ráfagas creyó oir la voz de Marcia llamándolo. Salió de la cabaña sin preocuparse de ponerse el abrigo -la voz había sonado con la urgencia del peligro- En el sendero vio un bulto oscuro e inmóvil.
Sintió que una garra le atenazaba el estómago desde dentro. Echó a correr hacia el bulto y, al llegar, respiró aliviado y se echó a reír.

- No es más que un tronco que ha derribado el viento. Hoy está soplando fuerte- Dijo y sintió una manta de hielo cubriéndole el cuerpo.


De vuelta en la cabaña, Pascual se puso el abrigo, cogió el bastón y enfiló el sendero en dirección al pueblo, como hacía cada mañana. Le extrañaba no cruzarse con nadie por el camino. Lo achacó al frío de aquella mañana y al bramido del viento del Norte.

Le parecía raro que el pueblo estuviera cubierto de niebla y aún más encontrar las calles desiertas a esas horas en que la actividad bullía en la plaza. Dejó atrás el ayuntamiento y torció a la izquierda por la segunda calle, hacia la fuente vieja. La puerta de la carnicería estaba abierta. Entró.

- Pilar -llamó a la tendera -Pilar- y su voz recorrió el pasillo vacío, subió a la segunda planta de la casa y rebotó con un eco siniestro en las habitaciones.

Un aliento gélido nacía dentro de él y le hacía expeler nubes de escarcha cuando hablaba. Al cerrar la puerta de la carnicería para evitar que escapara la tibieza de la tienda, vio en el centro del cristal, pegado con unas tiras de celo, un papel ribeteado en negro.

"Hoy se celebrará el funeral de Pascual Frutos. La viuda, Marcia Fuentes, pide una oración por el alma del difunto."

viernes, 11 de febrero de 2011

NOCHE DE MIEDO (Y 5)


Imagen: El enigma de Hitler. Salvador Dalí.


TRANSFORMACIÓN

Me he despertado con la sensación de no ser yo mismo. Al toser me di cuenta de que lo hacía en alemán, como estoy estudiando ese idioma, no he prestado mucha atención al fenómeno. Sí me extrañó el odio repentino hacia la raza judía que me creció en el cerebro mientras me ataba los zapatos.

Al lavarme la cara, el rostro del espejo no era el mío… Me había transformado en Adolf Hitler.

No me gusta ser él, pensar como él se me antoja insufrible. He llamado a un amigo para que venga a verme; mi amigo es un experto en temas paranormales pero no ha sabido darme una explicación del fenómeno.

- Intenta dormir, tómate un calmante, seguro que mañana estarás mejor y volverás a ser tú mismo – me ha dicho.

Tomé unas píldoras y me acosté. Dormí toda la tarde, a eso de las 12 de la noche, me he despertado con unas ganas terribles de invadir Polonia.

Ahora son las 3 de la mañana y se me ha ocurrido una solución definitiva para acabar con “el problema judío”.

No quiero ser él. He tomado una decisión. Miro el prospecto de los calmantes, hay suficientes aún para ingerir una dosis letal. Mientras el sueño me va venciendo, miro la fecha de hoy en el reloj despertador, es 30 de abril.

miércoles, 9 de febrero de 2011

NOCHE DE MIEDO (4)


Imagen: Aparición. Autor: El Rey Peste.


EL RELOJ

Tenía todos los años de su vida amontonados en la cara. Al levantarse de la siesta aquella tarde, descubrió que había perdido algunos. “Los habré dejado con el reloj encima de la mesilla” –pensó. Fue a buscarlos. Allí estaba el reloj de oro que le regalaron cuando se jubiló, pero los años no aparecían. El reloj estaba parado a las cuatro menos veinte. Entonces sintió un escalofrío y comprendió que era un fantasma.

lunes, 7 de febrero de 2011

NOCHE DE MIEDO (3)

EN EL MUSEO



Imagen: Desesperación. Autor: Giotto di Bondone (1267-1337)


Estaban a punto de cerrar el museo; me gusta pasear por las galerías semidesiertas a esa hora, me siento más cerca de mí mismo. Entré en la sala de los retablos; había un hombre que miraba un Cristo crucificado. Era una tabla del siglo XIV ó XV en cuyo ángulo inferior izquierdo estaba representado Judas ahorcado; a sus pies, un letrero rezaba: “Judas: el Traidor”.
Al notar mi presencia, el hombre se volvió con el rostro congestionado por el llanto. Intenté consolarle; me agarró de las solapas y, con ojos suplicantes repetía: “Yo no fui. No lo hice. Tienes que creerme”.
- Claro – dije intentando que se calmara y que no notara el miedo en mi voz – Pero ¿qué es lo que no hiciste?
Salió corriendo; fui tras él pero no pude encontrarle. Volví dentro y miré con atención el cuadro. En el ángulo inferior izquierdo, el cartel decía con letra temblorosa: “YO NO LO HICE”.

sábado, 5 de febrero de 2011

NOCHE DE MIEDO (2)



Imagen: Ernest Hemingway. Desconozco al autor del retrato.

En puridad, el nanocuento es un relato de seis palabras, o menos; su invención se atribuye a Ernest Hemingway (“For sale: baby shoes, never worn”: "Vendo: zapatos de bebé, sin estrenar"). Los textos que aquí se brindan, son algo más largos, pero considero que se ajustan al espíritu del nanocuento.

Dos nanocuentos.




I

HISTORIA DE FANTASMAS



Imagen: Puerta. Autor: El Rey Peste.


Entró en la casa, los fantasmas no salieron a recibirle; se sintió solo y tuvo miedo.






II

EL SUICIDA



Imagen: Pistola. Autor: El Rey Peste.

“Adiós, mundo cruel” – pensó, y disparó al espejo.

viernes, 4 de febrero de 2011

NOCHE DE MIEDO (1)


Imagen: fotograma de La noche de los muertos vivientes de George A. Romero.

UN CASO INSÓLITO

Sin querer tropecé con el cadáver; se quejó de mi falta de delicadeza. Aún encerrado en mi asombro, acerqué una silla al lugar donde se pudría con una perfección que me dejó pasmado. Tras pedir disculpas por mi torpeza (no estoy acostumbrado a tratar con cadáveres – le aclaré –) me senté lo suficientemente lejos para que las náuseas no estorbaran la conversación.
Me contó que, en vida, fue un gran sabio y que había averiguado la clave numérica que revela el nombre de Dios. Cuando le manifesté mi escaso interés por esos asuntos, abrió tanto los ojos que se cayeron de las cuencas: me pidió amablemente que los restituyera a su lugar.
- ¡Ah! – dijo – qué tiempos estos, ni siquiera muerto puede uno hallar la tan ansiada paz y, para colmo, cuando le tropieza un joven que parece inteligente, resulta que a éste no le interesa lo que un pobre difunto pueda enseñarle. Vete de aquí si no quieres que te maldiga.
Creo que estaba llorando, pero no pude saber si lo que sus recién recuperados ojos dejaban manar eran lágrimas o algún líquido propio de la putrefacción.
Estaba a punto de levantarme, pensaba que lo mejor era obedecerle, esgrimí una excusa dispuesto a eximir a él de mi presencia y a mi nariz del tufo que se desprendía de su carroña. Pero me agarró la pernera con tanta fuerza que estuve a punto de caer sobre él y, llorando con tal vehemencia que se le volvieron a caer los ojos, me rogó que no lo dejara solo.
- No sabe usted lo aburrido que es pudrirse.