"Sabed que soy el monarca de estos dominios y que gobierno mi imperio absoluto bajo el título de «Rey Peste I» (...)" (Edgar Allan Poe).
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viernes, 16 de noviembre de 2012
miércoles, 31 de octubre de 2012
CEMENTERIO DE VILLACRECES
Villacreces es un despoblado, perteneciente al municipio de Santervás de Campos; se encuentra en el extremo norte de la provincia de Valladolid. A principios de la década de los 80 del pasado siglo quedó deshabitado. Dejo aquí unos versos, bastante mediocres, que me asaltaron durante una visita al cementerio de este pueblo fantasma.
Asomé la
mirada a una fosa
de lápida
rota.
Esperaba,
quizás, topar con el rostro
apolillado y
amarillo de la muerte
(recuerdo
haber poseído
cierto espíritu
romántico en mi juventud).
Ladrillo y
tierra y alguna hierba
de las que cría
el secano.
Nada más.
Pensé si la
soledad extrema
de esta tierra
hizo emigrar
a los muertos
que no
soportaron el silencio
que
abandonaron los vivos.
Enceguecido por
esa nada
alcé la
cabeza al horizonte.
Un viento
movió, a lo lejos,
las copas de
los árboles
y el susurro
de las hojas
sonó como una
respuesta.
martes, 16 de octubre de 2012
ROMANCE DEL ENAMORADO Y LA MUERTE (Anónimo)
Imagen: El beso de la muerte. Conjunto escultórico atribuído a Jaume Barba, que se puede admirar en el cementerio de Poblenou (Barcelona).
Un sueño soñaba anoche
soñito del alma mía,
soñaba con mis amores,
soñaba con mis amores,
que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora tan blanca,
Vi entrar señora tan blanca,
muy más que la nieve fría.
—¿Por dónde has entrado, amor?
—¿Por dónde has entrado, amor?
¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas,
Las puertas están cerradas,
ventanas y celosías.
—No soy el amor, amante:
—No soy el amor, amante:
la Muerte que Dios te envía.
—¡Ay, Muerte tan rigurosa,
—¡Ay, Muerte tan rigurosa,
déjame vivir un día!
—Un día no puede ser,
—Un día no puede ser,
una hora tienes de vida.
Muy deprisa se calzaba,
más deprisa se vestía;
ya se va para la calle,
ya se va para la calle,
en donde su amor vivía.
—¡Ábreme la puerta, blanca,
ábreme la puerta, niña!
—¿Cómo te podré yo abrir
—¿Cómo te podré yo abrir
si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue al palacio,
Mi padre no fue al palacio,
mi madre no está dormida.
—Si no me abres esta noche,
—Si no me abres esta noche,
ya no me abrirás, querida;
la Muerte me está buscando,
la Muerte me está buscando,
junto a ti vida sería.
—Vete bajo la ventana
—Vete bajo la ventana
donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda
te echaré cordón de seda
para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare,
y si el cordón no alcanzare,
mis trenzas añadiría.
La fina seda se rompe;
la muerte que allí venía:
—Vamos, el enamorado,
—Vamos, el enamorado,
que la hora ya está cumplida.
sábado, 15 de septiembre de 2012
DESTRUCCIÓN
Piter Pank, Kampanilla, la marihuana.
Garfio, la tragedia de Garfio, el tiempo
que destroza la vida útil
de los electrodomésticos.
Piter Pank, Kampanilla, las crestas de colores,
el cuero negro,
la guitarra de Steve Jones
o el bajo desenchufado
de Sid Vicious,
los niños perdidos.
La madre llorando porque ha perdido el útero su vida útil la maternidad improbable.
Dientes podridos cantando la anarquía en el reino de Nunca Jamás las madres adictas a la heroína y el proyecto hombre .
Comida putrefacta sale de los burgers y en los bares seguimos tapando la
desesperación con tapas de domingo que vomitaron
antes de nosotros
los borrachos que llenaron las calles
muertas con sus gritos de agonía.
El borracho que quería ser torero
el morlaco mitológico de Creta ardiendo en sus ojos, trapecio sin red
y beber, seguir bebiendo hasta que la desesperación se disipe, hasta que la mierda nos ahogue en un mar de lágrimas más ácidas que la lluvia.
Comer la carroña que nos echan
los monstruos cuerdos
que acaban muriendo en sus camas
en hoteles de cien mil estrellas
y buscar, seguir buscando
en los bares el bálsamo de Fierabrás
que nos cure las heridas que ya no podemos recordar quién abrió para beber nuestra sangre a tragos largos de madrugadas en las casas de putas y los gemidos dolorosamente falsos de las prostitutas hiriendo los oídos, sajando el trozo de alma que quedaba enredado entre los pelos púbicos.
Y reír, seguir riendo desesperadamente, con la risa del idiota
ante las luces de las ferias, bajo una lluvia
que deshace los rostros que se pudren con el ritmo lento del moho ante los puestos de trabajo.
Y llorar, seguir llorando por la belleza del vómito en las esquinas donde sueña Piter Pank el coño de Kampanilla vendido en los prostíbulos como un bálsamo contra el abandono de los niños perdidos.
Y el luto, seguir de luto por la cordura adulta que reina en Nunca Jamás, donde mataron al cocodrilo que se tragó el reloj (tic-tac-tic-tac-tictactictac) que suena cada vez más rápido desde que nos encadenaron el tiempo a la muñeca para hacernos hombres y mujeres serios y serias y políticamente correctos y correctas y Garfio confiando en los mercados de abastos donde las opciones se multiplican a costa de la inocencia perdida.
Y sacarse la polla bajo la lluvia
para que se deshaga como si fuera de papel
y devorar, seguir devorando el vómito que los borrachos abandonaron
indolentes en los pechos de la prostituta.
Babilonia no tiene espacio para albergar a todos sus muertos,
el desierto está lleno de casinos
y Piter Pank ha muerto,
y Kampanilla vende sus polvos de hada
en un club de carretera
porque en Nunca Jamás
los niños perdidos
saldan sus cuerpos para comprar pegamento.
lunes, 3 de septiembre de 2012
MÁS
Imagen: Fetichismo. Guy Le Baube.
Se me paraliza la lengua al
chocar mis ojos con tu mirada.
Flota esta mañana la niebla que
enturbia las ganas de leer la gramática rara de tu pelo.
Se me para la sangre en la boca
antes de poder gritar tu nombre con mi voz de cuero, imperdibles y tachuelas.
Hay cuchillas
en las pentatónicas desaforadas de Steve Jones.
Porque el amor no es suficiente y
quisiera tatuar tus venas con el veneno que escupo cuando no estás cerca.
Porque no es bastante cavar tu
sexo y ni siquiera me consuela tu tacón en el escroto.
Bésame
mientras suenan guitarras enredadas en no sé qué dedos.
Bésame con los ojos abiertos
mientras me clavas tu navaja en el bajo vientre.
Que tu mano acaricie mis vísceras
desabrigadas, porque ya ni el orgullo me responde.
Porque, cuando no aprietas mis
venas con dedos de hielo, flota esta niebla y la desgana de beber tu saliva
entre espasmos.
miércoles, 15 de agosto de 2012
CAMBIOS
Durante décadas
había observado aquella habitación donde nada había cambiado; ya no sentía los
latidos de su corazón. Al principio protestaba a cada hora por el polvo que le
empezaba a cubrir y se le metía por cada resquicio del cuerpo. Pero terminó por
acostumbrarse; igual que las botellas que dormían sobre la mesa camarera. Igual
que los muebles de aquella habitación.
Un día, a eso de las seis de la
tarde, sintió que el corazón volvía a latirle y se descubrió harto de que nada
cambiara, volvió a protestar a cada hora con toda la fuerza de su mecanismo
suizo.
lunes, 6 de agosto de 2012
A CHAVELA
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