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sábado, 11 de febrero de 2012

UNA HISTORIA DE SAN VALENTÍN

Imagen: Vampiro. Autor: Munch.

Pasean por el parque. Ella nota un temblor en la mano de él, que envuelve la suya. Sabe lo que le va a preguntar, lo adivina en su voz mientras comenta lo templada que está la tarde.

Ella lo arrastra hacia unos setos tras los que sabe que las parejas jóvenes se esconden para amarse en secreto.

Salen de detrás de los setos. Les tiemblan las piernas. Ella le hace una carantoña casi inocente. Él la besa muy cerca de la oreja y deposita con mucho cuidado, dos palabras.

Caminan despacio bajo el cielo de la tarde, atraviesan calles frías hasta la residencia de paredes adornadas con corazones rojos y tarjetas con dibujos de angelitos desnudos.

Antes de entrar, él saca un pañuelo del bolsillo superior de la chaqueta y limpia una mancha de sangre de la comisura de la boca de ella.

martes, 7 de febrero de 2012

HABITACIÓN 150

Imagen: Hospital Materno de Granada, en el blog: El mundo del terror y la ciencia ficción


Me despierto sobresaltado, la luz inunda la habitación 150. Es mediodía. He pasado casi toda la noche trabajando; los papeles permanecen sobre el pequeño escritorio. Siento el impulso de asegurarme que nadie ha tocado los informes.

Es un caso sencillo, tan sólo he de concretar los términos del contrato con el tipo de la constructora. La empresa sacará pingües beneficios con esta operación. Es un caso sencillo y, sin embargo, me siento extrañamente agitado.

Tengo que esperar al contacto en una cafetería cercana; vestirá de oscuro, lo reconoceré por el alfiler de corbata, una rara joya cuya descripción he aprendido de memoria: un pequeño rubí tallado en forma de corazón engarzado en un rombo de oro blanco y diamantes. Yo estaré sentado en una mesa reservada a nombre de Luis Jiménez; él se acercará y me dará la contraseña, entonces haremos el intercambio.

Me acerco a la mesa, el montón de legajos permanece intocado, o eso parece a simple vista. Me siento sin encender la lámpara flexo; la luz que entra por la ventana es suficiente. El informe de impacto ambiental ha desaparecido. Un sudor frío me hace temblar. Busco un cigarrillo olvidando que dejé de fumar hace un mes. Pulso un botón en la cabecera de la cama y pido que me suban un paquete de Marlboro.

Mientras espero repasaré los informes, por si se hubiera traspapelado. Siento un cosquilleo húmedo en las manos; sin ese informe no puede haber trato y la gente para la que trabajo no se anda con bromas, han invertido demasiado dinero en este asunto, además, hay un pez gordo de un ministerio metido en el ajo, uno de esos tipos que se asustan si algo no sale bien.

Puedo imaginar lo que me harán. Llevo el tiempo suficiente en esto para saberlo. Parecerá un accidente o un ajuste de cuentas entre bandas rivales; eso es lo de menos. Apareceré en un descampado cosido a puñaladas. Será un trabajo sucio, les gusta regodearse. Me atarán las manos a la espalda y empezarán a golpearme con puños de acero, después brillarán las navajas buscando órganos y arterias.

Empiezo a sentir el dolor de los golpes, la habitación gira ante mis ojos con cada puñetazo. Estoy mareado; ya no tengo el aguante de los viejos tiempos.

Abro los ojos. Es increíble, me he quedado dormido sobre el montón de informes. Aún faltan un par de horas para la cita, tengo tiempo de pensar. Si no me dolieran tanto los ojos sería más fácil concentrarme. Los cierro, aprieto los párpados hasta que la habitación se deshace en una oscuridad roja.

Se me ocurre que puedo acudir a la cita con los demás informes, no creo que el tipo de la constructora los compruebe allí mismo, puede que tenga tiempo de huir, pero ¿adónde? Esa gente tiene negocios por todo el mundo, no tardarían en encontrarme y entonces los puños, las navajas, o un artefacto en el coche.

No sentiré nada. Un ruido extraño en el motor al arrancar, algo casi inaudible y la explosión del amonal. La policía buscará a estos o aquellos terroristas y la Compañía quedará libre de sospechas. No será la primera vez.

Miro a mi alrededor. Me sorprenden las paredes desnudas, de un blanco cegador, es curioso que no me haya fijado antes. La cama es individual y no hay ningún mueble, salvo una pequeña mesa auxiliar sobre la que ya no veo las carpetas con los informes. Hay algo más, llevo puesto un pijama verde como los de los hospitales. ¿Es posible que esté en un hospital? ¿Cómo diablos habré llegado aquí?

Necesito fumar, ¿dónde se han metido los del servicio de habitaciones? Hace ya una hora que he pedido que me suban tabaco.

Dos golpes suaves en la puerta, ¡por fin! Cogeré los cigarrillos y no daré propina al botones, ha tardado demasiado.

Abro la puerta y en el marco se recorta la figura de un hombre alto, vestido con un traje oscuro. Mis ojos se clavan en un alfiler de corbata cuya descripción he aprendido de memoria.

- Soy el doctor Alonso – me dice mientras tiende la mano a modo de saludo. –Tiene que venir conmigo. Le he traído su ropa.

Algo dentro de mí se niega a seguirle. Es como si ese alfiler de corbata hubiera disparado todas las alarmas en mi cabeza. Sé que va a matarme.

Me vestiré mientras me apunta con un revólver calibre 9mm. Caminaré delante de él hasta el garaje donde subiremos a un utilitario blanco, o tal vez oscuro. Me pedirá que conduzca mientras me sigue apuntando y me indica por dónde he de ir. “Gire aquí a la derecha, siga recto hasta el próximo cruce, gire a la izquierda…” Me llevará a las afueras de esta ciudad que no conozco. Entraremos en alguna nave industrial abandonada y allí…

- ¿Cómo se encuentra, amigo? Menudo golpe. Su coche patinó por la lluvia y se fue a estrellar contra un muro. Me sorprende verle consciente. Su amigo está bien, sólo tuvo algún rasguño y una ligera contusión, insiste en verle a usted, ¿lo dejo pasar? Bien, pero no se esfuerce por hablar, no le conviene.

Entra un hombre de mediana estatura bien trajeado, dice algo a los dos que me sujetan y van tras él dejándome caer contra el suelo. Casi no puedo abrir los ojos, pero distingo al doctor Alonso sentado sobre una mesa al fondo de la sala. Sonríe con malicia mientras juega con un objeto metálico. Se acerca esgrimiendo el puño de acero.

- Vamos, habla o será peor para ti. ¿Qué has hecho con el informe de impacto ambiental? Vamos, no seas así, ¿sabes? yo te comprendo, querías más dinero. Es natural, todos queremos más, siempre más, es la base de los negocios. Pero te has equivocado, has mordido un pastel demasiado grande.

No le respondo, sé que no va a creer que he perdido esos malditos documentos. Levanta el puño americano, la escasa luz de la sala arranca violentos destellos al metal.

Abriré los ojos y estaré tumbado en una cama de hospital, en la habitación 150. El enfermero levantará una jeringuilla, la luz fluorescente brillará al chocar contra la aguja.

- Un poco de morfina. Te ayudará a dormir.

La droga entra en mis venas, llega rápida al cerebro. Es como si me hubieran golpeado la cabeza. Pierdo el conocimiento.

Sigo tumbado en el suelo de hormigón de un almacén abandonado. Alguien me ha echado un cubo de agua fría. El doctor Alonso acerca una silla y se sienta a mi lado.

- ¿Sabes el trastorno que nos has causado? Ahora podría estar en cualquier sitio, tomando el sol en un parque con mis hijos o follándome a una puta de mil euros y, en lugar de eso, estoy en esta mierda de almacén tratando de averiguar qué ha podido hacer un tipo como tú con un informe falsificado. Te envidio, lo digo en serio, para ti todo acabará pronto.

Tiene razón, la habitación irá perdiendo sus contornos y empezará a girar, fundiéndose en una espiral de tinieblas que me arrastrará con fuerza incontestable y ya no me importará nada de lo que puedan hacerme.

miércoles, 25 de enero de 2012

CARTAS MARCADAS


“Era más de media noche,
antiguas historias cuentan,
cuando en sueño y en silencio
lóbrego, envuelta la tierra,
los vivos muertos parecen,
los muertos la tumba dejan.”
(José de Espronceda, El estudiante de Salamanca).

Tenía una maldición en los labios
y un regusto a ron en la mirada,
jugaba siempre a la misma carta,
la misma mujer iba a su lado.
Aquella noche de luna helada
lo vieron ir solo por el barrio
cabizbajo, pisando los charcos
con una sonrisa demacrada.
Aquella noche no tuvo amigos,
y jugó con las cartas marcadas.
No vio a la mujer que lo esperaba
con frío de acero entre las manos.
Sintió una navaja en el costado
mientras la más bella lo besaba
con una maldición en los labios
y un regusto a sangre en la mirada.
La muerte siempre estuvo a su lado
jugando con las cartas marcadas.




miércoles, 18 de enero de 2012

SOL DE INVIERNO

Imagen: Inverno. Autor: El Rey Peste




¿Qué quieres que te cuente hoy?
El frío se esparce
sobre las aceras
y las bufandas abandonan
los armarios.
¿Qué quieres que te cuente hoy?
El aire tiene cien colmillos
que cortan la piel
y la ciudad se parece
a un poema
de Oliverio.
Este invierno que llena los pulmones
hace que tosa
toda mi vida
en charcos helados.
Dime, ¿qué quieres que te cuente hoy?

lunes, 9 de enero de 2012

HALLAZGO


No quiero ser poeta. Nunca me ha interesado sentarme en las piedras del camino a mirar las nubes, ni despreciar el dinero y menos en tiempos de crisis. Pero cuando tropecé con aquel libro, en lugar de darle una patada, lo recogí y olí las páginas. Tuve una sensación que no sabría definir y las vallas publicitarias eran gritos en dos dimensiones. Metí aquel objeto en la bolsa del gym, en vez de tirarlo a una papelera.

En casa abrí el volumen, empecé a leer. Me dolió la cabeza. La locutora de las noticias hablaba de los tipos de interés mientras la pantalla mostraba una montaña rusa en la que los números reían cuesta abajo. Pensé en mis acciones subiendo penosamente largas cuestas para luego caer en picado, dando gritos de auténtico placer. Debería haberme sentido preocupado y, sin embargo, empecé a reír como un loco al imaginarlas con sus bracitos de IBEX 35 levantados y gritando mientras se deslizaban por el índice DOW JONES.

No quiero ser poeta. Pero puedo pasarme horas mirando los tejados hasta que se convierten en escaleras por las que trepan las nubes.

jueves, 15 de diciembre de 2011

UN CUENTO DE NAVIDAD (2ª PARTE)



En tan sólo dos semanas tenía el borrador sobre la mesa del señor Sanguino. El despacho era imponente, amplio, bien iluminado, estaba situado en la última planta y contaba con ascensor privado. La decoración no le gustaba, resultaba demasiado “kitsch” para alguien con tanto dinero. Esto le reafirmaba en su idea de que el dinero podrá comprar los mejores cuadros, o los muebles más caros, pero no puede comprar el gusto. El señor Sanguino era el típico ejemplo de “self-made-man”, el hombre hecho a sí mismo que, partiendo de unos orígenes humildes, había conseguido escalar hasta los puestos más altos.

Sonriendo con condescendencia mientras dejaba el guión sobre el escritorio de caoba, le dijo: “No está mal, pero nuestro público no quiere una obra tan… ¿cómo decirlo?, tan “dramática” – y subrayaba las comillas con un gesto de los dedos, siempre las subrayaba con ese odioso gesto – Verás, amigo Pablo, yo pensaba en una adaptación moderna, algo más ágil, algo así como una comedia, pero una comedia “actual”. ¿No te parece demasiado fuerte que el jefe de ese pobre diablo sea tan… “malo”? No sé, tú eres el creativo, busca algo más acorde con nuestro programa, algo que al público le guste ver.”

- Perdone, señor Sanguino, pero la obra de Dickens…

- Dickens, olvídate de ese escritor, tienes que crear, por algo eres un “creativo”, toma su idea, sí, pero no esclavices tu talento a lo que contó un viejo escritor del siglo no sé cuántos.

- Diecinueve, señor, es un escritor del siglo diecinueve, y no era tan viejo, cuando escribió “Cuento de Navidad” sólo tenía treinta y un años.

- Bueno, como sea, ¿crees que a nuestros espectadores les interesa lo que ocurría en no sé qué país en el siglo diecinueve?

- En Inglaterra, señor, la obra está ambientada en Inglaterra – la ignorancia de su jefe empezaba a sacarle de sus casillas, le costaba no perder la compostura, pero logró calmarse pensando en los regalos que compraría a sus hijos con el dinero extra que le iban a pagar por el encargo.

- Pues eso, ¿a quién puede importarle “a día de hoy” una historia como esa? No, querido muchacho, la gente quiere verse reflejada en las historias que se les ofrece, no sé, podrías ambientarlo en Andalucía, son tan cachondos los andaluces… podríamos contratar a ese dúo de humoristas para los papeles protagonistas… y que de pronto, salten con lo de “Joshuaaaaaa”, podemos hacer que el hijo enfermo de ese pobre diablo se llame Joshua, eh, muchacho ¿qué te parece? Muchacho, ¿me estás escuchando?

Pablo estaba mirando la librería que ocupaba la pared tras el escritorio del señor Sanguino, una de esas librerías de madera oscura que había rellenado con libros comprados al peso. La mirada se le había quedado pegada en el lomo de un libro grueso donde se leía en letras doradas: “CHARLES DICKENS’ COMPLETE WORKS”.

- Disculpe, señor, estaba admirando su librería…

- Ah, estos intelectuales y su afición por los libros. Anda, pasa y mira a gusto. Te decía que podríamos contratar a una pareja cómica para los papeles protagonistas – la mano derecha de Pablo voló hacia el volumen de las obras completas de Dickens la calva del señor Sanguino relucía indefensa - ¿conoces a ese dúo que te digo? Yo es que es verlos y no puedo parar de reír – la voz del señor Sanguino llegaba amortiguada por las palabras del joven escritor inglés: “MARLEY was dead, to begin with. There is no doubt whahtever about that(…).” Ah, sí, “Marley había muerto”, “muerto”, “muerto”.

UN CUENTO DE NAVIDAD (1ª PARTE)



- No entiendo cómo no se defendió, ni siquiera está atado y el forense asegura que no tenía drogas en el organismo.

- Yo tampoco me lo explico, no sé cómo coño voy a redactar el informe. Es muy extraño. Creo que lo más posible es que le pillara desprevenido.

- Sí, se le ponen a uno los pelos de punta. ¿Cómo puede llegar alguien a matar a un tío como éste a golpes con un volumen de las obras completas de Dickens?

- Este caso me pone de los nervios. Y además, en Nochebuena… Debió de emplearse a fondo con el pobre diablo para llegar a matarlo a golpes con un libro. ¿Te has fijado en el tío? Míralo, está como ido, ahí sentado, no ha hecho falta ni reducirlo, cuando llegaron los agentes se limitó a levantar la cabeza y decirles “lo he matado”. No se ha movido de esa silla desde que lo detuvieron y no para de repetir “Marley no sé qué”

- “Marley was dead”. Es inglés, es algo así como “Marley había muerto”

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Dos semanas antes, el señor Sanguino, productor ejecutivo de Tele-pantalla, estaba hablando con Pablo Matamoros, guionista de la misma cadena. Le encargó una adaptación de Cuento de Navidad de Dickens para el especial de Navidad del programa estrella de la cadena, “cuenta conmigo”. Pablo pasó las siguientes semanas emocionado por el proyecto, por fin podría firmar un guión él solo sin que su nombre se perdiera entre el conjunto de guionistas del programa. Y encima una adaptación de Dickens, al fin un trabajo interesante. Llevaba diez años trabajando en Tele-pantalla y era la primera vez que se alegraba de trabajar en aquella empresa desde que saliera de la facultad, donde había estudiado Literatura Inglesa.

“Dickens –pensaba- por fin puedo trabajar con material de primera”. Hasta entonces se había dedicado a escribir guiones para ese programa de sobremesa donde los tertulianos se pasaban dos horas y media gritándose unos a otros. Pero al fin la suerte parecía sonreírle.


No os perdáis el desenlace en la próxima entrega, el día 25 de diciembre, en este mismo blog.