El Poeta ha perdido las palabras. Un aire helado se instala junto a él y le impide cualquier pensamiento; los dedos se le retuercen sobre el papel, como si buscara con el tacto lo que ya no puede encontrar.
El recuerdo de la Amada, como una visión angelical, devuelve algo de calor a su cuerpo entumecido por la enfermedad.
Pero una presencia impía viene a reclamar su derecho.
¿Podrá, al menos, abrazar en el remoto Edén a una rara y radiante doncella...?
Fotografías realizadas por L.M. Mata durante el ensayo del día 14 de abril.