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viernes, 13 de mayo de 2011

EL CUERVO


Volví a la casa de la bruja sabiendo la falsedad de su tarot. A pesar de la inutilidad de sus filtros, volví a la casa de la bruja para mirar ese cuervo sobre el televisor que parecía a punto de graznar las palabras que el poeta puso en su pico.

Pero no decía nada y, al cabo de un tiempo durante el que la bruja barajó el destino (el loco, la muerte, los amantes) me pareció que el pájaro había anidado en su voz de aguardiente.

Yo sabía la falsedad de las cartas (el diablo, el ahorcado, la torre).

Ese maldito cuervo encima del televisor leía los arcanos y, sin duda, le hacía señas a la vieja tramposa. Sólo tenía que averiguar el sistema, desenmascarar el engaño y reírme en su cara. No quité los ojos de aquel pájaro, concentré toda mi atención en cada una de sus plumas, de modo que casi podía ver cómo el tiempo le iba cubriendo de polvo.

La bruja barajó por tercera vez las cartas del destino. Miró al cuervo y miró al cliente paralizado.

Por fin, después de casi cien años, pude moverme y con un graznido leí las cartas (el cuervo, la bruja, el incrédulo).

2 comentarios:

Ana Aneiros dijo...

¡Terroríficamente bueno, majestad!

La chica de cristal dijo...

Buenísimo !!!