"Sabed que soy el monarca de estos dominios y que gobierno mi imperio absoluto bajo el título de «Rey Peste I» (...)" (Edgar Allan Poe).
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jueves, 6 de diciembre de 2012
TARDE DE VERANO
miércoles, 28 de noviembre de 2012
ETERNIDAD
(César Vallejo)
De repente me sorprendo
desgarrando una fotografía:
este rostro conocido
no volverá a sonreírme
con gesto helado desde el papel.
Ni estos ojos míos,
que amenazan con desmoronarse,
se dejarán resbalar
por la superficie satinada.
Estos ojos míos
dibujan el perfil de una ausencia
en el momento preciso
en que expira el plazo de mi eternidad.
viernes, 16 de noviembre de 2012
miércoles, 31 de octubre de 2012
CEMENTERIO DE VILLACRECES
martes, 16 de octubre de 2012
ROMANCE DEL ENAMORADO Y LA MUERTE (Anónimo)
soñaba con mis amores,
Vi entrar señora tan blanca,
—¿Por dónde has entrado, amor?
Las puertas están cerradas,
—No soy el amor, amante:
—¡Ay, Muerte tan rigurosa,
—Un día no puede ser,
ya se va para la calle,
—¿Cómo te podré yo abrir
Mi padre no fue al palacio,
—Si no me abres esta noche,
la Muerte me está buscando,
—Vete bajo la ventana
te echaré cordón de seda
y si el cordón no alcanzare,
—Vamos, el enamorado,
sábado, 15 de septiembre de 2012
DESTRUCCIÓN
Piter Pank, Kampanilla, la marihuana.
Garfio, la tragedia de Garfio, el tiempo
que destroza la vida útil
de los electrodomésticos.
Piter Pank, Kampanilla, las crestas de colores,
el cuero negro,
la guitarra de Steve Jones
o el bajo desenchufado
de Sid Vicious,
los niños perdidos.
La madre llorando porque ha perdido el útero su vida útil la maternidad improbable.
Dientes podridos cantando la anarquía en el reino de Nunca Jamás las madres adictas a la heroína y el proyecto hombre .
Comida putrefacta sale de los burgers y en los bares seguimos tapando la
desesperación con tapas de domingo que vomitaron
antes de nosotros
los borrachos que llenaron las calles
muertas con sus gritos de agonía.
El borracho que quería ser torero
el morlaco mitológico de Creta ardiendo en sus ojos, trapecio sin red
y beber, seguir bebiendo hasta que la desesperación se disipe, hasta que la mierda nos ahogue en un mar de lágrimas más ácidas que la lluvia.
Comer la carroña que nos echan
los monstruos cuerdos
que acaban muriendo en sus camas
en hoteles de cien mil estrellas
y buscar, seguir buscando
en los bares el bálsamo de Fierabrás
que nos cure las heridas que ya no podemos recordar quién abrió para beber nuestra sangre a tragos largos de madrugadas en las casas de putas y los gemidos dolorosamente falsos de las prostitutas hiriendo los oídos, sajando el trozo de alma que quedaba enredado entre los pelos púbicos.
Y reír, seguir riendo desesperadamente, con la risa del idiota
ante las luces de las ferias, bajo una lluvia
que deshace los rostros que se pudren con el ritmo lento del moho ante los puestos de trabajo.
Y llorar, seguir llorando por la belleza del vómito en las esquinas donde sueña Piter Pank el coño de Kampanilla vendido en los prostíbulos como un bálsamo contra el abandono de los niños perdidos.
Y el luto, seguir de luto por la cordura adulta que reina en Nunca Jamás, donde mataron al cocodrilo que se tragó el reloj (tic-tac-tic-tac-tictactictac) que suena cada vez más rápido desde que nos encadenaron el tiempo a la muñeca para hacernos hombres y mujeres serios y serias y políticamente correctos y correctas y Garfio confiando en los mercados de abastos donde las opciones se multiplican a costa de la inocencia perdida.
Y sacarse la polla bajo la lluvia
para que se deshaga como si fuera de papel
y devorar, seguir devorando el vómito que los borrachos abandonaron
indolentes en los pechos de la prostituta.
Babilonia no tiene espacio para albergar a todos sus muertos,
el desierto está lleno de casinos
y Piter Pank ha muerto,
y Kampanilla vende sus polvos de hada
en un club de carretera
porque en Nunca Jamás
los niños perdidos
saldan sus cuerpos para comprar pegamento.
lunes, 3 de septiembre de 2012
MÁS
miércoles, 15 de agosto de 2012
CAMBIOS
lunes, 6 de agosto de 2012
A CHAVELA
viernes, 6 de julio de 2012
AMOR ANTICAPITALISTA
No sé si entendí muy bien esto del marxismo...

la propiedad privada,
dejé de creerme tuyo,
dejaste de creerte mía
y, por fin, nos descubrimos
libremente NUESTROS.
Una plusvalía de besos
llenó las aceras,
la poesía salió desnuda
a la calle
para socializar metáforas.
La dialéctica de la saliva
barrió a los capitalistas
de las esquinas.
La burguesía optó
por refugiarse en las alfombras,
mientras las mujeres públicas
se emancipaban
del diccionario.
El día que abolimos la propiedad,
nos descubrimos NUESTROS
y un fantasma recorrió
y Asia y
América
y África...
miércoles, 27 de junio de 2012
SIN TÍTULO
Hay una flor albina que crece en los rigores de la noche. Se parece a una pandilla de niños jugando a contraluz.
Camino descalzo, por miedo a romper las palabras encerradas en los cajones.
Mi cabeza gime desde el pozo donde he caído desde los tejados abiertos.
Canta septiembre sobre los cuerpos, las manos mordidas, los niños volviéndose cosas serias.
lunes, 18 de junio de 2012
SIN TI
más grande
y el corazón se me ha roto
al pisar la calle
sin ti.
Hoy el vacío lo ha llenado
todo y algo se ha roto
en mi cabeza.
La ciudad llora
toda mi pena
al verme caminar
sin ti.
Hoy el dolor se ha tragado
las ganas y, aunque me sé tuyo,
el vacío se ha hecho grande
y se me pudre el corazón
al pisar la calle
sin ti.
lunes, 11 de junio de 2012
PARAFRASEANDO A BÉCQUER
"Las palabras son aire
y van al aire.
Las lágrimas son agua
y van al mar.
Mariano, el dinero del rescate
¿sabes tú quién lo va a pagar?"
Yo sí sé quién lo va a pagar: NOSOTROS, como siempre. Y no me digáis que "no es un rescate" porque tendréis razón, esto se parece más al "teto".
lunes, 28 de mayo de 2012
martes, 22 de mayo de 2012
¿POR QUÉ?
sábado, 12 de mayo de 2012
miércoles, 25 de abril de 2012
POESÍA Y ROCK EN EL CONVENTO (3ª parte y... AMAMARLA)
Mucho cachondeo en los "cameos" de miembros de los grupos DARKEHABLAR y DHERA DUN.
Por cierto, si alguien encontró unas cuerdas vocales abandonadas en algún rincón oscuro, que me las guarde, que eran mías y las necesito para aullarle a la luna.
PRÓXIMAMENTE: "El público", en este mismo blog.
viernes, 20 de abril de 2012
POESÍA Y ROCK EN EL CONVENTO (2ª parte)

Y... en esta hora oscura, seguimos con la crónica:


Las ansias rockeras, sin embargo, no estaban satisfechas y, entre el público, junto a los gritos de "otra, otra", podían escucharse, más altos, gritos de "otras tres, otras tres".
Para los amantes de lo oculto: me pareció ver rondando por la sala el espectro de una monja bailando el ROCK.
Por si alguien no ha escuchado aún a estos monstruos de la naturaleza, podéis descargar el disco AQUÍ. Quien lo prefiera, puede adquirir el disco en la tienda on-line del grupo: http://www.losdoxa.com/ por el irrisorio precio de 5€ más gastos de envío.
lunes, 16 de abril de 2012
POESÍA Y ROCK EN EL CONVENTO (1ª parte)

Viernes, 6 de abril de 2012 (viernes "santo"). Bajo un cielo cubierto por el manto de la lluvia, un grupo de seres impíos llegó al antiguo convento de las hermanas clarisas en Cuenca de Campos para deleitar a las almas ansiosas que se congregaron en el lugar...


Este grupo, formado por Eva Carrero, Miguel Ángel Martínez y El Rey Peste, desgranó poemas de Lautremont, José María Fonollosa, Leopoldo María Panero y Edgar Allan Poe, envueltos en sombras y luces sangrientas.


sábado, 31 de marzo de 2012
EL RATÓN
Sueño que bosteza un ratón entre mi pelo. A veces, claro, no es que lo sueñe siempre. Cuando siento su bostecito ahí arriba, en mi cabeza, casi lo puedo ver estirando sus bracitos y luego rascándose la tripita peluda (es lo que yo hago cuando bostezo, aunque yo no tengo la tripa peluda. Mamá dice que cuando crezca me saldrán pelos, igual que a Papá).
Ahora ya hace tiempo que no lo sueño. No sé, puede que sea porque, un día encontré un ratón en la despensa royendo un trozo de queso que dejaron mis padres. Ahí estaba el pequeño ladrón, comiéndose mi almuerzo. Tenía los mofletitos hinchados y un trozo de queso entre sus manecitas. Me miró un poco asustado pero, al rato se tranquilizó; como si supiera que no le iba a hacer daño, continuó mascando y tragando mientras me miraba con sus ojitos de alfiler.
Se me ocurrió que su descaro no podía quedar sin castigo. Agarré la escoba y la emprendí a golpes hasta que lo aplasté contra las baldosas de barro. Papá y Mamá dijeron: “muy bien, Hijo, así se hace”. Pero yo estuve llorando mucho rato y no quise almorzar.
Había queso suficiente para los dos. No sé, creo que, si le hubiera dejado comer tranquilo, habría bostezado y luego se habría rascado la tripita.
miércoles, 14 de marzo de 2012
MAGDALENA
fracturado una vajilla.
Por su piel no pasaba
el calendario,
se teñía las ganas
con tragos largos de ginebra.
Yo mordía los limones
para quitarme las alergias
que me provocaba
la tela de sus bragas
y rompía todos los platos
y me largaba sin pagar.
La acunaba con canciones
de amor desteñido
que siempre acababan
tendidas en el patio de luces.
Tenía billetes de cien pavos
en el lugar de los pensamientos
y, aunque nunca fue dada
a frecuentar las floristerías,
olía como huelen las flores amarillas
que pueblan los sueños.
Romance del enamorado y la muerte. Joaquín Díaz.
jueves, 8 de marzo de 2012
A TI, MUJER
sábado, 11 de febrero de 2012
UNA HISTORIA DE SAN VALENTÍN

Pasean por el parque. Ella nota un temblor en la mano de él, que envuelve la suya. Sabe lo que le va a preguntar, lo adivina en su voz mientras comenta lo templada que está la tarde.
Ella lo arrastra hacia unos setos tras los que sabe que las parejas jóvenes se esconden para amarse en secreto.
Salen de detrás de los setos. Les tiemblan las piernas. Ella le hace una carantoña casi inocente. Él la besa muy cerca de la oreja y deposita con mucho cuidado, dos palabras.
Caminan despacio bajo el cielo de la tarde, atraviesan calles frías hasta la residencia de paredes adornadas con corazones rojos y tarjetas con dibujos de angelitos desnudos.
Antes de entrar, él saca un pañuelo del bolsillo superior de la chaqueta y limpia una mancha de sangre de la comisura de la boca de ella.
martes, 7 de febrero de 2012
HABITACIÓN 150

Me despierto sobresaltado, la luz inunda la habitación 150. Es mediodía. He pasado casi toda la noche trabajando; los papeles permanecen sobre el pequeño escritorio. Siento el impulso de asegurarme que nadie ha tocado los informes.
Es un caso sencillo, tan sólo he de concretar los términos del contrato con el tipo de la constructora. La empresa sacará pingües beneficios con esta operación. Es un caso sencillo y, sin embargo, me siento extrañamente agitado.
Tengo que esperar al contacto en una cafetería cercana; vestirá de oscuro, lo reconoceré por el alfiler de corbata, una rara joya cuya descripción he aprendido de memoria: un pequeño rubí tallado en forma de corazón engarzado en un rombo de oro blanco y diamantes. Yo estaré sentado en una mesa reservada a nombre de Luis Jiménez; él se acercará y me dará la contraseña, entonces haremos el intercambio.
Me acerco a la mesa, el montón de legajos permanece intocado, o eso parece a simple vista. Me siento sin encender la lámpara flexo; la luz que entra por la ventana es suficiente. El informe de impacto ambiental ha desaparecido. Un sudor frío me hace temblar. Busco un cigarrillo olvidando que dejé de fumar hace un mes. Pulso un botón en la cabecera de la cama y pido que me suban un paquete de Marlboro.
Mientras espero repasaré los informes, por si se hubiera traspapelado. Siento un cosquilleo húmedo en las manos; sin ese informe no puede haber trato y la gente para la que trabajo no se anda con bromas, han invertido demasiado dinero en este asunto, además, hay un pez gordo de un ministerio metido en el ajo, uno de esos tipos que se asustan si algo no sale bien.
Puedo imaginar lo que me harán. Llevo el tiempo suficiente en esto para saberlo. Parecerá un accidente o un ajuste de cuentas entre bandas rivales; eso es lo de menos. Apareceré en un descampado cosido a puñaladas. Será un trabajo sucio, les gusta regodearse. Me atarán las manos a la espalda y empezarán a golpearme con puños de acero, después brillarán las navajas buscando órganos y arterias.
Empiezo a sentir el dolor de los golpes, la habitación gira ante mis ojos con cada puñetazo. Estoy mareado; ya no tengo el aguante de los viejos tiempos.
Abro los ojos. Es increíble, me he quedado dormido sobre el montón de informes. Aún faltan un par de horas para la cita, tengo tiempo de pensar. Si no me dolieran tanto los ojos sería más fácil concentrarme. Los cierro, aprieto los párpados hasta que la habitación se deshace en una oscuridad roja.
Se me ocurre que puedo acudir a la cita con los demás informes, no creo que el tipo de la constructora los compruebe allí mismo, puede que tenga tiempo de huir, pero ¿adónde? Esa gente tiene negocios por todo el mundo, no tardarían en encontrarme y entonces los puños, las navajas, o un artefacto en el coche.
No sentiré nada. Un ruido extraño en el motor al arrancar, algo casi inaudible y la explosión del amonal. La policía buscará a estos o aquellos terroristas y la Compañía quedará libre de sospechas. No será la primera vez.
Miro a mi alrededor. Me sorprenden las paredes desnudas, de un blanco cegador, es curioso que no me haya fijado antes. La cama es individual y no hay ningún mueble, salvo una pequeña mesa auxiliar sobre la que ya no veo las carpetas con los informes. Hay algo más, llevo puesto un pijama verde como los de los hospitales. ¿Es posible que esté en un hospital? ¿Cómo diablos habré llegado aquí?
Necesito fumar, ¿dónde se han metido los del servicio de habitaciones? Hace ya una hora que he pedido que me suban tabaco.
Dos golpes suaves en la puerta, ¡por fin! Cogeré los cigarrillos y no daré propina al botones, ha tardado demasiado.
Abro la puerta y en el marco se recorta la figura de un hombre alto, vestido con un traje oscuro. Mis ojos se clavan en un alfiler de corbata cuya descripción he aprendido de memoria.
- Soy el doctor Alonso – me dice mientras tiende la mano a modo de saludo. –Tiene que venir conmigo. Le he traído su ropa.
Algo dentro de mí se niega a seguirle. Es como si ese alfiler de corbata hubiera disparado todas las alarmas en mi cabeza. Sé que va a matarme.
Me vestiré mientras me apunta con un revólver calibre 9mm. Caminaré delante de él hasta el garaje donde subiremos a un utilitario blanco, o tal vez oscuro. Me pedirá que conduzca mientras me sigue apuntando y me indica por dónde he de ir. “Gire aquí a la derecha, siga recto hasta el próximo cruce, gire a la izquierda…” Me llevará a las afueras de esta ciudad que no conozco. Entraremos en alguna nave industrial abandonada y allí…
- ¿Cómo se encuentra, amigo? Menudo golpe. Su coche patinó por la lluvia y se fue a estrellar contra un muro. Me sorprende verle consciente. Su amigo está bien, sólo tuvo algún rasguño y una ligera contusión, insiste en verle a usted, ¿lo dejo pasar? Bien, pero no se esfuerce por hablar, no le conviene.
Entra un hombre de mediana estatura bien trajeado, dice algo a los dos que me sujetan y van tras él dejándome caer contra el suelo. Casi no puedo abrir los ojos, pero distingo al doctor Alonso sentado sobre una mesa al fondo de la sala. Sonríe con malicia mientras juega con un objeto metálico. Se acerca esgrimiendo el puño de acero.
- Vamos, habla o será peor para ti. ¿Qué has hecho con el informe de impacto ambiental? Vamos, no seas así, ¿sabes? yo te comprendo, querías más dinero. Es natural, todos queremos más, siempre más, es la base de los negocios. Pero te has equivocado, has mordido un pastel demasiado grande.
No le respondo, sé que no va a creer que he perdido esos malditos documentos. Levanta el puño americano, la escasa luz de la sala arranca violentos destellos al metal.
Abriré los ojos y estaré tumbado en una cama de hospital, en la habitación 150. El enfermero levantará una jeringuilla, la luz fluorescente brillará al chocar contra la aguja.
- Un poco de morfina. Te ayudará a dormir.
La droga entra en mis venas, llega rápida al cerebro. Es como si me hubieran golpeado la cabeza. Pierdo el conocimiento.
Sigo tumbado en el suelo de hormigón de un almacén abandonado. Alguien me ha echado un cubo de agua fría. El doctor Alonso acerca una silla y se sienta a mi lado.
- ¿Sabes el trastorno que nos has causado? Ahora podría estar en cualquier sitio, tomando el sol en un parque con mis hijos o follándome a una puta de mil euros y, en lugar de eso, estoy en esta mierda de almacén tratando de averiguar qué ha podido hacer un tipo como tú con un informe falsificado. Te envidio, lo digo en serio, para ti todo acabará pronto.
Tiene razón, la habitación irá perdiendo sus contornos y empezará a girar, fundiéndose en una espiral de tinieblas que me arrastrará con fuerza incontestable y ya no me importará nada de lo que puedan hacerme.
miércoles, 25 de enero de 2012
CARTAS MARCADAS

cuando en sueño y en silencio
lóbrego, envuelta la tierra,
los vivos muertos parecen,
los muertos la tumba dejan.”
(José de Espronceda, El estudiante de Salamanca).
Tenía una maldición en los labios
y un regusto a ron en la mirada,
jugaba siempre a la misma carta,
la misma mujer iba a su lado.
Aquella noche de luna helada
lo vieron ir solo por el barrio
cabizbajo, pisando los charcos
con una sonrisa demacrada.
Aquella noche no tuvo amigos,
y jugó con las cartas marcadas.
No vio a la mujer que lo esperaba
con frío de acero entre las manos.
Sintió una navaja en el costado
mientras la más bella lo besaba
con una maldición en los labios
y un regusto a sangre en la mirada.
La muerte siempre estuvo a su lado
jugando con las cartas marcadas.
miércoles, 18 de enero de 2012
SOL DE INVIERNO
sobre las aceras
y las bufandas abandonan
los armarios.
¿Qué quieres que te cuente hoy?
El aire tiene cien colmillos
que cortan la piel
y la ciudad se parece
a un poema
de Oliverio.
Este invierno que llena los pulmones
hace que tosa
toda mi vida
en charcos helados.
Dime, ¿qué quieres que te cuente hoy?
lunes, 9 de enero de 2012
HALLAZGO

No quiero ser poeta. Nunca me ha interesado sentarme en las piedras del camino a mirar las nubes, ni despreciar el dinero y menos en tiempos de crisis. Pero cuando tropecé con aquel libro, en lugar de darle una patada, lo recogí y olí las páginas. Tuve una sensación que no sabría definir y las vallas publicitarias eran gritos en dos dimensiones. Metí aquel objeto en la bolsa del gym, en vez de tirarlo a una papelera.
En casa abrí el volumen, empecé a leer. Me dolió la cabeza. La locutora de las noticias hablaba de los tipos de interés mientras la pantalla mostraba una montaña rusa en la que los números reían cuesta abajo. Pensé en mis acciones subiendo penosamente largas cuestas para luego caer en picado, dando gritos de auténtico placer. Debería haberme sentido preocupado y, sin embargo, empecé a reír como un loco al imaginarlas con sus bracitos de IBEX 35 levantados y gritando mientras se deslizaban por el índice DOW JONES.
No quiero ser poeta. Pero puedo pasarme horas mirando los tejados hasta que se convierten en escaleras por las que trepan las nubes.